Historia del vino
argentino
En América, el cultivo de la vid no
existía hasta la llegada de los españoles. Cristóbal Colón (1451-1506), cuando
realiza su segundo viaje, en
En 1543 la vid había llegado a la
ciudad de Salta, desde el Alto Perú, donde se traían las primeras uvas.
Posteriormente, con el tiempo, las uvas encontraron su mejor asentamiento en la
ciudad de Cafayate.
En la ciudad de Santiago del Estero
llegaron viñas aproximadamente en 1556. Allí el cultivo de vid progresó
realmente, y para 1557 los jesuitas habían realizado las primeras plantaciones
de cierta importancia en el territorio.
Cuando se fundan ciudades como
Mendoza, en 1561, y San Juan, en 1562, eran puntos estratégicos por donde
ingresaron viñas desde Chile a
En 1598 en la provincia de Misiones
también florecía la vitivinicultura de la época, y en menor cantidad se producía
en las provincias de Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires.
En Argentina, como en varios países
de Latinoamérica, la expansión de las cosechas de viñedos se relaciona
estrechamente con la difusión del cristianismo, sobre todo porque el clero
necesitaba indudablemente del vino para poder celebrar la misa.
En 1853 el sanjuanino Domingo
Faustino Sarmiento (1811-1888), que era gobernador de Cuyo (Mendoza - San Juan),
contrataría al francés Aimé Pouget, quien se encargó de reproducir las primeras
cepas de variedad francesa, entre ellas la reconocida Malbec, que para varios
enólogos, sumilleres y especialistas sobre la vid se ha adaptado en esta zona
mejor que en cualquier otra parte del mundo. Esto se debe a la particular
orografía y composición de los
suelos de la provincia de Mendoza, acompañada de la majestuosa Cordillera de los
Andes, por donde se producen los deshielos de agua pura y cristalina que forman
los ríos que descienden zigzagueando en dirección este, desde las altas cumbres
andinas.
En 1916 arriba a
En 1919, después de
Para 1960, en
Tiempos de crisis
En los años sesenta, a raíz de
desgravaciones impositivas y cambios tecnológicos, se implantaron viñedos
cultivados en parral con uva de alto rendimiento y baja calidad ecológica. Así,
la superficie trepó a un total de
De
Sin embargo, a partir de 1982, con
nuevas reglamentaciones y la disminución de los viñedos por abandono debido a su
falta de rentabilidad, el sector fue orientado hacia su normalización.
En 1987, la superficie de los
viñedos había descendido a
Por entonces, en
La hora de la modernización
A partir de abril de 1991 las
fronteras de
Esta etapa se caracterizó por la
importación de acero inoxidable para reemplazar las piletas de hormigón; el uso
de barricas de roble fabricadas en Francia (90%) o Estados Unidos (10%); y la
compra de nuevas líneas de embotellado y etiquetado, principalmente desde
Italia.
A la vez, los intercambios de
profesionales como enólogos o ingenieros agrónomos con distintos países
vitivinícolas del mundo comenzaron a generar una conciencia de modernizar y
adecuar la oferta de vinos.
Esa necesidad fue comprobándose
también a lo largo de distintas ferias, como la más importante de todas,
En los últimos tiempos, y a pesar de
la difícil situación económica del país, el sector vitivinícola argentino en su
totalidad, desde la base agrícola hasta el consumidor final, viene
experimentando un desarrollo tan explosivo como positivo en todos los aspectos:
técnico, comercial, productivo, de difusión y de conocimiento, tanto doméstico
como internacional.
Esa explosión se evidencia en el
entusiasmo colectivo del público por conocer variedades y distinguirlas, visitar
las zonas de producción, ser recibido en las bodegas, probar los vinos "in
situ", charlar con los enólogos, caminar por parrales y viñas.
El desarrollo y la promoción de los
"Caminos del vino" han sido apoyados
por la difusión del agroturismo en general.
En la faz comercial, se observan el
cuidado y la atención con los cuales los supermercados exhiben los vinos, con
clasificaciones adecuadas. Coincidentemente aparecieron las vinerías que ofrecen
las líneas de vinos más selectas y caras con muy profesional asesoramiento.
Como para complementar el panorama
fue surgiendo una significativa cantidad de publicaciones especializadas:
libros, guías, revistas, etc., con un extenso y completo material descriptivo y
continuamente actualizado.
Muchas instituciones públicas y
privadas ofrecen, a lo largo y ancho del país, cursos de degustación y
conocimiento del vino más o menos avanzado, con apoyo y material suministrado
por las bodegas.
Desde entonces, los vinos argentinos
comienzan a estar presentes en restaurantes y vinotecas ubicadas en ciudades
como Nueva York, Londres, Paris y Madrid. Los cepajes argentinos adquieren
personalidad propia a causa del excelente clima y suelo, entre otros factores
donde se los cultiva.
Además, las bodegas instaladas en el
país adquieren renombre internacional y muchas de ellas se presentan en
certámenes y ferias internacionales, recibiendo lauros y premios destacados.
Finalmente comienza a crecer la
exportación, llegando vinos finos argentinos a países como Gran Bretaña,
Francia, España, Italia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania, Portugal,
Turquía, Estados Unidos y Canadá, entre otros. Al carecer algunas bodegas de
recursos propios para lograr una efectiva expansión en los nuevos mercados, se
incentivaron las alianzas con grupos financieros extranjeros que descubren en la
industria del vino una efectiva fuente de rentabilidad.
Actualmente la zona vitivinícola argentina se extiende desde el norte de Cafayate en Salta (Región Noroeste) hasta el sur en el alto valle de Río Negro (Región Patagónica Andina) y desde la majestuosa cordillera andina en el este hasta los valles del oeste de Mendoza (Región Cuyo).
http://www.viajoporargentina.com/vinos_argentinos/hist_e.htm